Violencia Sexual Digital: Cuando lo Virtual También Duele
Quien ha vivido abuso —y peor aún, violación— sabe que no se sale ilesa. Las heridas que deja la violencia son profundas y difíciles de sanar. Las primeras etapas casi siempre son las mismas: culpa, culpa, culpa. Luego viene la vergüenza, esa que paraliza, que te aplasta el pecho y te obliga a mirarte con dureza, como si tú fueras la causante del daño. Durante mucho tiempo, todas las emociones se vuelven contra ti, nunca contra el agresor. Es una de las crueldades más grandes de la violencia: el daño lo hizo otra persona, pero quien se castiga eres tú. Y aun así, en algún momento, aparece una chispa que te recuerda que no eres tú quien debe “pulirse”, sino el mundo que permitió ese abuso. Esto se vuelve especialmente evidente cuando hablamos de la difusión no consentida de imágenes íntimas, una forma de violencia sexual digital que ha crecido de manera alarmante. La responsabilidad siempre recae en quien traiciona tu confianza y difunde contenido privado sin tu permiso. Nunca en ti. Ho...

.jpeg)

