Oda a la Cajita de Té
Pequeña fortaleza de aromas,
centinela del tiempo y del sabor.
En tus paredes reluce la historia
de tardes lentas y llenas de emoción.
Cajita humilde, guardiana de tesoros,
atesoras hojas secas como si fueran oro.
Eres cofre y también refugio,
navío de esencias que navega en la penumbra.
Cuando tus entrañas respiran,
una fragancia antigua se derrama,
despierta los sentidos,
como un conjuro de hogar y memoria.
Contigo, cada sorbo es un regreso,
un latido sereno en medio de la tormenta.
Quédate siempre, sobre la repisa sencilla
o en la mesa del comedor.
Guardiana de breves eternidades,
portadora de la calma más profunda,
tú prometes, sin hablar,
el milagro tibio de un instante de paz.

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